El perro ciego

NOTAS DE UN DIARIO

El escritor argentino se asoma a los recuerdos de su madre, la amistad entre mujeres o los nuevos caminos de la narración

Ilustración de Fernando Vicente.fuente:elpais.com

Lunes

No tiene objeto seguir, dijo mi madre. Ninguna resignación. No tiene objeto. Como si ella pudiera decidir el momento. La casa de los abuelos tenía su nombre y su nombre fue lo primero que aprendí a leer. "Ida, ¿ves?", decía ella y me señalaba las letras en el portal. Llevaba un vestido azul. Su imagen en el recuerdo es más nítida que la luz de esta lámpara. Siempre estaba alegre. Al final leves delirios, divagaba. Preguntó ¿Qué dice usted? y sonrió, antes de morir. Y yo no estaba ahí. Oh, madre...

Miércoles

Tengo que llamar a mi madre, pienso de pronto. Pensamientos sueltos, pesadillas. (Sueño que soy un perro ciego. Pequeños movimientos aterrados, el hocico en el aire).

Domingo

El Gato Barbieri tocó anoche en Blue Note. Mucha gente, todo muy íntimo. No lo escuchaba desde el 77 cuando lo vi en un concierto en San Diego en el que presentó Ruby Ruby. Quiero hacer con algunos amigos un documental sobre el jazz en Buenos Aires. El Gato en los orígenes del free jazz; a mediados de los 60 grabó Symphony for Improvisers, pura improvisación casi sin standard. Steve Lacy se quedó varado y sin plata en Buenos Aires en 1965 o 66 y tocó en Jamaica, donde también tocaban Salgán y De Lio. Me acuerdo que fuimos a escucharlo con Néstor Sánchez que en aquel tiempo quería llevar la improvisación a la prosa: Siberia Blues. Curiosamente, en literatura el jazz siempre estuvo ligado al estilo oral (Kerouac, Borís Vian, Cortázar, etcétera).

Martes

Ella tiene la facultad de hacer amistades, como quien dice hago una obra. Cada una de sus amigas, definida por una cualidad específica, tiene un leve toque diferencial. La muchacha húngara que dirige cursos para dejar de fumar a funcionarios de países en desarrollo de las Naciones Unidas; la joven brasileña que se dedica a descubrir inesperadas galerías de arte en el Bowery a coleccionistas que le pagan el tour; la mujer de mediana edad, ex tenista profesional, que sólo se acuesta con negros. La amistad entre mujeres tiene la forma de una sociedad cerrada donde no hay secretos. Claro que no hay secretos, me dice ella, ni secretos ni vida privada. Hay que vivir en tercera persona. Mira por la ventana, divertida. Aquí abundan las ardillas porque no hay perros sueltos, dice. Habría que importar perros callejeros, etcétera.

Viernes

Larga conversación en el bar de Lahiere's con James Irby, legendario traductor de Borges al inglés, extraordinario profesor de poesía en Princeton. Discutimos algunos poemas de Lezama Lima, entre ellos Oda a Julián del Casal, sobre el que Jim ha escrito un largo ensayo al que todavía considera incompleto. Tendrías que hacer un libro sobre ese poema, le digo. ¿Hay algún libro dedicado a un solo poema? Recordamos el ensayo de Butor sobre un sueño de Baudelaire. Los versos son como el resto diurno del sueño, un tejido de imágenes rotas, de recuerdos y palabras perdidas. Calasso ha publicado ahora un libro sobre el mismo sueño de Baudelaire, me dice Jim, pero sin citar a Butor. La clave del trabajo de Jim es que analiza poemas escritos en lengua extranjera. La lectura es siempre incierta e indicial, las palabras parecen piedras en un muro: el sentido depende del peso, del volumen, de la posición. Llamamos a ese modo de leer, crítica concreta. En la misma dirección, me hace notar que el final de Blanco nocturno alude a la anáfora del poema Metempsicosis de Rubén Darío, que yo he leído muchas veces a lo largo del tiempo pero en el que no pensé mientras escribía la novela. Jim lo recita, con aire irónico, marcando la suave escansión de los endecasílabos y el corte de la estrofa: Yo fui un soldado que durmió en el lecho / de Cleopatra la reina. Su blancura/ y su mirada astral y omnipotente. / Eso fue todo // Y crujió su espinazo por mi brazo; / y yo, liberto, hice olvidar a Antonio. / (¡Oh el lecho y la mirada y la blancura!) / Eso fue todo. Y luego de una pausa, poniendo ahora énfasis en el ritmo metálico del verso, dice la última estrofa: Yo fui llevado a Egipto. La cadena / tuve al pescuezo. Fui comido un día / por los perros. / Mi nombre, Rufo Galo. / Eso fue todo. Me olvidé un par de estrofas, dice mientras salimos a la calle. A veces uno olvida para mejorar los poemas, le digo. No fue este el caso, sonríe Jim. Afuera, ya es de noche. Sabes que van a cerrar este bar, ¿no?, me dice, apenado.

Mientras tomaba nota de la conversación de hace un rato con Irby, recordé que la metempsicosis -la palabra que Molly no comprende al empezar la novela- está en el origen del Ulises de Joyce. Bloom es la reencarnación del héroe griego. Esa concepción define la intriga. Tiene razón Auden cuando señala que los artistas cambian de visión del mundo para renovar su poética. Explicaba así su adhesión al marxismo y también la pasión tardía de Yeats por el espiritismo o la conversión al catolicismo de Eliot o el populismo de Tolstói. El escritor no inventa la ideología, la encuentra hecha y la utiliza como material de trabajo. Antes de criticar los pensamientos de un escritor, hay que analizar su función técnica. Las dudas de Hamlet sirven para retardar la acción.

Lunes

Había ido a la inauguración de una muestra de León Ferrari en Filo, y cuando salía se encontró con Miguel, un amigo de toda la vida, y se quedó con él. Empezaron a beber en distintos bares y primero Julia y después la chica que estaba con Miguel los dejaron solos. Los dos eran -o habían sido- buenos escritores pero ya no publicaban y los recuerdos de la juventud los ayudaban a seguir. Sobreentendidos, bromas sangrientas, referencias equívocas. Conversaciones errantes, difíciles de transmitir: sesgadas por la doble temporalidad de la ironía, por su captación diferida. Terminaron al amanecer en uno de los últimos bares abierto de la ciudad, atrás de la Recoleta, y se despidieron como si ya nunca se volvieran a encontrar. Emilio volvió a su departamento, Julia no estaba, se había hartado de esas historias de borrachos. Se sentía mareado, desvelado; buscó una botella de agua en la heladera; después bajó a comprar cigarrillos y cuando cruzaba Ayacucho hacia Santa Fe vio la iglesia. ¿Hacía cuántos años que no entraba en una iglesia? La quietud, las mujeres sentadas en los bancos de madera, el pilar de agua bendita, un sacerdote atrás de los visillos de la celda, palabras en latín, murmullos. Entonces va hacia el confesionario, se arrodilla. El cuento ¿termina ahí? ¿O incluye lo que dice al confesarse?

Viernes

David Simon, el creador de la serie The Wire, es un gran narrador social. Incorpora a la intriga policial los hechos del presente (la economía de ajuste de Bush, la manipulación de las campañas políticas, la legalización de la droga). En el capítulo-piloto de Treme, su nueva serie de televisión que vi la otra noche, el marco es Nueva Orleans después de Katrina: nunca los desastres son naturales, esa es la poética de Simon. La narración social se ha desplazado de la novela al cine y luego del cine a las series y ahora está pasando de las series a los facebooks y a los twitter y a las redes de Internet. Lo que envejece y pierde vigencia queda suelto y más libre: cuando el público de la novela del siglo XIX se desplazó hacia el cine, fueron posibles las obras de Joyce, de Musil y de Proust. Cuando el cine es relegado como medio masivo por la televisión, los cineastas de Cahiers du Cinéma rescatan a los viejos artesanos de Hollywood como grandes artistas; ahora, que la televisión comienza a ser sustituida masivamente por la web, se valoran las series como forma de arte. Pronto, con el avance de las nuevas tecnologías, los blogs y los viejísimos emails y los mensajes de texto, serán exhibidos en los museos. ¿Qué lógica es esta? Sólo se vuelve artístico -y se politiza- lo que caduca y está "atrasado".

Martes

En la esquina de Witherspoon y Paul Robeson, un hombre, con jeans y campera de franela a cuadros, alza un cartel de apoyo al candidato republicano en las elecciones legislativas. Le agregó una banderita norteamericana, señal de que pertenece a la derecha nacionalista. Hace propaganda aprovechando el semáforo largo. Nunca había visto un acto proselitista de un solo hombre. Acá todo se individualiza. Así funcionan también los atentados políticos. Lee Harvey Oswald; el asesino de Martin Luther King; el que disparó contra la congresista demócrata en Arizona. Son sólo actos de un individuo perturbado, singular. Esa personalización extrema es "la apariencia puramente estética" del mundo social, como decía Marx hablando de Robinson Crusoe. No se ven las luchas sociales, pero su ausencia se expresa alegóricamente: un empleado de correos, en Ohio, despedido de su empleo, se sube a una torre y mata a los que pasan por la calle. Otro ejemplo es el fallo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos que aprobó (caso Citizens United) la ley que obliga a considerar ciudadanos individuales a las poderosas corporaciones económicas. La utopía del capitalismo norteamericano es que los grupos de poder y las fuerzas sociales sean considerados personas aisladas. Todos los individuos serían iguales, cada uno de ellos un Robinson que lee la Biblia en su isla desierta.

Snoopy, un perro sesentón

Los personajes de Peanuts aparecieron por primera vez en una tira en octubre de 1950

Una imagen emblemática del popular Snoopy. STR | REUTERS.fuente:elperiodico.com
El festival de cómic de Angulema celebra con una exposición el aniversario de los personajes creados por Schultz.
Si Snoopy, Charlie Brown y su banda de amigos fueran franceses, estarían en edad de jubilarse (la contestada reforma que prolonga el acceso a la pensión de los 60 a los 62 años apenas les afectaría). Con motivo de sus seis decenios de aventuras (nacieron en octubre de1950), el festival del cómic de Angulema arranca bajo el signo de los personajes creados por Charles Schulz. La 38º edición celebra el cumpleaños con una gran exposición dedicada al universo del prolífico dibujante, fallecido en el 2000 en Santa Rosa (California).
La muestra dedica una parte a las andanzas de los Peanuts, protagonistas de nada menos que 17.000 tiras, con 36 paneles gigantes. Indaga también en el entorno de Charlie Brown, una sociedad americana «que aprecia los valores de la amistad y de la solidaridad pero en la que acaba prevaleciendo el individualismo y la distancia», como explica el biógrafo de Schulz Daniel Michaelis. La exposición dedica también un apartado a la difusión y acogida de la tira en el mundo, que convirtieron a Schulz en el autor de cómic de más éxito de la segunda mitad del siglo pasado.

Hallado el cadáver de una mujer atacada por sus perros

El cuerpo fue encontrado en una cuneta de una carretera comarcal de Huelva

Un grupo de guardias civiles a la entrada de la finca de Villanueva de las Cruces donde se halló el cadaver de la mujer. fot:EFE.fuente:elpais.com

Una mujer de 45 años ha sido encontrada muerta en la mañana del día de Año Nuevo en una cuneta de la carretera que une las localidades onubenses de Villanueva de las Cruces y Montes de San Benito. El cuerpo fue encontrado por un particular sobre las 7.20 de la mañana, y aunque en un principio se pensó que la fallecida había sufrido un accidente de tráfico, la inspección ocular ha revelado que el cadáver presentaba numerosas heridas por mordedura de perro, y que estas habían sido realizadas antes de la muerte.
La investigación posterior ha revelado que la víctima acababa de llegar a su finca y que en ese momento fue atacada por dos perros de su propiedad, ejemplares de la raza rottweiler. La Guardia Civil ha descartado, en cualquier caso, una posible intervención humana en la muerte de la mujer, informa Europa Press. El cuerpo de la víctima ha sido trasladado al Instituto de Medicina Legal de Huelva, donde el domingo se le practicará la autopsia.

El niño perro

Basada en un hecho real, la novela relata cómo el pequeño, abandonado por su madre en Moscú, es acogido por una manada de perros


Portada del libro 'El niño perro', de Eva Hornung

Más de un millón de niños vagabundos malviven en Rusia. Son críos abandonados o que huyen de sus casas y se refugian en sótanos, edificios deshabitados y estaciones de ferrocarril. Sobrevivir al hambre, a la violencia y, sobre todo, al extremo frío invernal es imposible si permanecen solos. En casos extremos, buscan la protección de animales callejeros, como los perros. Ese es el caso de Romochka, de cuatro años, el protagonista de El niño perro. Basada en un hecho real, la novela relata cómo el pequeño, abandonado por su madre en Moscú, es acogido por una manada de perros. Romochka cruza así una frontera impensable: la que separa al hombre del animal, lo civilizado de lo salvaje. Mucho se ha escrito y filmado sobre niños que han sido criados por animales, desde la leyenda de Rómulo y Remo hasta películas como El pequeño salvaje, de François Truffaut. Pero la escritora australiana Eva Hornung relata por primera vez la experiencia desde el punto de vista del niño y no de los científicos que lo estudian. En los dos años que transcurren entre el abandono y la captura del pequeño Romochka se desarrolla la ficción. Hornung dota de lenguaje un tiempo sin palabras, el espacio oscuro de lo no-sabido. Si la Alicia de Carroll franqueó un espejo para pasar de un mundo a otro, a Romochka le bastan los ojos amarillos de un chucho callejero para adentrarse en lo desconocido. Hornung crea un mundo intermedio de hombres y animales en el que nada es ni lo uno ni lo otro. En ese espacio, previo a la captura de Romochka, radica la fuerza de la novela, que decae cuando da paso a la institución que acoge a niños de la calle y remonta con un final, violento y conmovedor, el umbral que deberá atravesar Romochka para volver a la "civilización".
El niño perro

Eva Hornung

Traducción de Eduardo Iriarte Goñi

Salamandra. Barcelona, 2010

284 páginas. 17 euros.

foto.fuente:elpais.com

Como un perro

Un hombre alienado que quiere ser perro en un mundo que, por cierto, alimenta la paranoia. Este es el punto de partida de Dóberman

Gustavo Ferreyra. auto de Dóberman, novela ganadora del Premio Emecé.foto.fuente:pagina12.com.ar


Por Esther Cross

El showman se llama Joaquín Riste, está en el escenario, frente al público, y de pronto no puede hablar. En medio del bloqueo se abren las compuertas del recuerdo. El yo público se cierra, pero en la cabeza del showman aparece el desfile de su vida privada: una madre vergonzante y pedigüeña, la pobreza, la hermana cruel de tan ingenua y los sueños, mortales al no cumplirse. El flashback une el pánico escénico con el resto de su vida. No es un viaje de ida. El showman mira al público, se da cuenta de lo que pasa, recuerda y cuando vuelve a mirar la platea nota los cambios que amenazan con vaciar la sala. El tiempo se congela en ese instante de parálisis mientras se echa a rodar la película de la infancia, que lo proyecta hacia adelante. En este momento preciso, el momento de la falla, cuando se corta la comunicación y se abre el túnel del tiempo, empieza la novela, la historia, la escritura de Dóberman.

Joaquín Riste está a punto de caer en picada. Pero estamos en un mundo de oraciones que siguen su cauce aun después de terminarse. Riste cae en un mundo en que –descubre al tiempo– siempre hay "un pantano en cualquier dirección, en lo alto y en lo bajo".

De chico quería ser un perro. Un perro especial y un showman conocido. Ahora es un hombre doberman y lee la vida en esos términos. De a ratos tiene ganas de morder, a veces "en las carnes de algo que representara la vida". Quiere ladrarle al mundo entero y en algunos momentos ladra literalmente. Es un "doberman pervertido que desea a los humanos" y trata de vivir en una época en que se puede ser "perfectamente feroz y elegante", como le dice su jefe, un funcionario menemista para el que empieza a trabajar de chofer en Cancillería. Pero Dóberman no es sólo la historia de un hombre que se cree perro.

Tampoco es sólo la historia de un showman fracasado que pasa de chofer de Cancillería a peón político de un funcionario acomodado. Hay una misión, una "operación" de inteligencia y espionaje en Varsovia. Hay una cama de hospital donde Riste convalece después de una operación, literal y terrible y, sobre todo, hay un viaje al mundo de Riste, el hombre que piensa en su vida con un lenguaje colmado de dilemas y sentidos.

Dóberman. Gustavo Ferreyra Emecé 317 páginas

Riste, el perro, sigue a un perro por la calle. Lo sigue cuadras enteras, lo sigue por un barrio hasta que cruza la línea fina que separa el seguimiento de la persecución. Son las vueltas implacables que tiene esta historia, donde todo llega al límite. Riste es un servidor obsecuente pero también será un amo pendiente de sus servidores. Ve las dos caras de todo con una lucidez de doble filo. La crudeza no impide la ironía, las contradicciones reveladoras, las paradojas brillantes. Riste "se figura" que tiene "un cierto plazo para hacerse de un amor", le gustan las mujeres de los años '40 y '50, pero también –nos damos cuenta– las de cuarenta y cincuenta. Trata de adivinar lo que los otros quieren de él y adivinen lo que pasa.

La cabeza de Riste marcha a un ritmo que no para y hace que todo –lector incluso– empiece a moverse. Entrar en la historia de Dóberman es entrar en un lenguaje. Es entrar también, entonces, en un mundo con sus especificaciones. Las oraciones se abren paso, avanzan con fuerza, exploran las zonas de silencio y las zonas minadas donde hablar parece imposible o peligroso, como si el lenguaje fuera una forma de conocimiento, un método que cuestiona. Al mismo tiempo, Riste escribe sus memorias "de showman y héroe inválido".

Situada en una época en que "el capital embellece" y "la belleza triunfa en el mundo", en la era menemista del éxito a toda costa, Dóberman puede leerse, también, como una toma de posición respecto de la escritura. El artista tiene que meter los pies en el barro, como un minero. "Debe mostrar que se mancha los pies con los charcos y el barro, y que no es renuente a las pequeñas bajezas dobermanianas."

La cabeza de Riste se hace entender porque habla el lenguaje de la rabia, común a la cordura y la locura. La rabia es el puente y es, además, una fuente inagotable de lenguaje. "Nunca lo que en verdad importa se expresa claramente", piensa Riste. Será por eso que a veces ladra y que quizá en sus ladridos se exprese claramente lo que importa de verdad.

Los buenos libros cambian algo en el lector porque reclaman un lector diferente. El escritor pone en palabras lo que estaba callado y el lector se descubre capaz de escucharlo. En Dóberman, el lector se descubre capaz de entender la rabia y el dolor, el silencio de Riste y su voz, que habla con la fuerza del ladrido y la furia.

Perro antidroga capturó con heroína a gato 'mula' en una cárcel

Al parecer, uno de los reclusos amaestró al animal para recibir la droga en la penitenciaria

foto:archivo.fuente:eltiempo.com

Un gato, entrenado por un recluso de una cárcel de la República Tatarstán para portar drogas, fue capturado con más de 15 gramos de heroína en su collar por un perro policía, según informó el Servicio Penitenciario de esa república rusa a orillas del Volga.

"En el collar del gato fueron hallados más de 15 gramos de heroína. Lamentablemente murió poco después a causa de las heridas sufridas durante su captura. Además, estaba muy débil", precisó Inga Mazurenko, portavoz del Servicio Penitenciario, citado por la agencia Interfax.

La investigación estableció que uno de los reclusos ideó un ingenioso plan para recibir droga en prisión: amaestró a un gato que vivía en el penal y después se lo hizo llegar a unos amigos fuera del recinto penitenciario.

"Los conocidos del acusado hicieron pasar hambre al pobre gato durante varios días y después le colocaron un collar con heroína oculta y lo soltaron en las inmediaciones de la cárcel", explicó.

La idea del preso era que el animal, muerto de hambre, regresara con él para ser alimentado. Sin embargo, la droga no llegó a su destinatario: la dirección de la prisión fue informada de la existencia de este inusual "camello" y preparó una operación para capturarlo. Para que el felino no se colara dentro de la cárcel, su captura fue encargada a un perro adiestrado para la detección de narcóticos.

No descartó que durante la investigación se abra una causa contra el recluso y sus cómplices por maltrato animal.

Los cínicos griegos como preludio anarquista

Bajo el emblema del perro (kúon) los filósofos cínicos aparecieron en la vieja Atenas como un movimiento de oposición radical a la cultura y la política de la época

Carlos García Gual.¿El último sabio? foto:CLAUDIO ÁLVAREZ.fuente:elpais.com
Con su actitud irreverente despreciaban la civilización y todas las convenciones sociales en su audaz invitación a la anarquía, rechazando el orden, con libertaria desvergüenza. Proclamaron la igualdad de todos los seres humanos, sin distinción de clases, naciones ni sexos. Eran cosmopolitas, no participaban en los asuntos de la ciudad, aborrecían los lujos y comodidades, se burlaban de los ritos y las creencias religiosas, prescindían de los placeres refinados, gustaban del amor libre, y consideraban el trabajo y el esfuerzo fundamento de la virtud. Todo ello, como es obvio, resultaba muy provocativo en el mundo griego, incluso en una democracia como la de Atenas; y muy en contra de lo que pensaron Platón y Aristóteles.
Por otra parte, no ambicionaban el poder ni pretendían cambiar la sociedad insensata de la época proponiendo un nuevo modelo antiburgués. Por más que imaginaron curiosas fantasías utópicas de diseño igualitario y anarquista. Fueron, por lo tanto, más rebeldes que revolucionarios, pensadores individualistas, sin grandes ilusiones respecto a la aceptación de sus puntos de vista por la gran mayoría de sus convecinos. (Si el sabio Bías dijo que "los más son malos", muchos filósofos pensaban que la mayoría de la gente son necios).
Los cínicos fueron una secta filosófica callejera y sin escuela fija. Perduraron como alegres vagabundos de mantos burdos, alforja mínima y bastón de peregrino. A través de Antístenes conectaban con Sócrates, y después, gracias al amistoso Crates, inspiraron a Zenón y los estoicos, filósofos más respetables y predicadores virtuosos. El tipo más famoso de la secta fue Diógenes, apátrida y mordaz, que no tenía nada, vivía en una tinaja, se burlaba de todo, y escandalizaba a menudo. De él circularon pronto estupendas anécdotas, como la famosa de que, cuando Alejandro le visitó y dijo que le pidiera un deseo, le repuso que se apartara del sol y no le hiciera sombra. El buen cínico no espera nada, no desea nada; austero, apático, libre, busca una vida natural, como la del perro. En su "regreso a la naturaleza" anticipa la conocida tesis de Rousseau acerca del "buen salvaje", y resulta un evidente precursor de los afanes ecológicos modernos. Crates imaginó una isla ideal poblada de cínicos, Pera (la de la Alforja), "sin necios, ni parásitos, ni glotones, ni culos prostituidos; que produce tomillo, ajos, higos y panes; cosas que no invitan a guerras ni honores, y donde no hay armas ni dinero". Como señaló Peter Sloterdijk, el cínico antiguo es muy distinto del tipo que ahora llamamos "cínico" (para su distinción utiliza la consonante: Kynikós frente a Zynikós). El cínico moderno es más bien un hipócrita: no cree en nada y desprecia en su interior las convenciones sociales; pero disimula y se somete por comodidad y afán de medro.
El anarquismo moderno es una doctrina revolucionaria y de empeño político. Surge de un anhelo de una sociedad mejor, más justa e igualitaria; es filantrópico y compasivo, si rechaza el orden actual (anarquía viene del griego an-arché "desorden") es porque confía construir otro, mejor para todos, donde reine la libertad y no la opresión, en un mundo feliz. En ese ideal pueden percibirse todavía algunos ecos de la utopía antigua.

La secta del perro. Carlos García Gual. Alianza. Madrid, 1987. Crítica de la razón cínica. Peter Sloterdijk. Traducción de Miguel Ángel Vega. Taurus. Madrid, 1989. Los cínicos. R. Bracht Branham / Marie-Odile Goulet-Cazé. Traducción de Vicente Villacampa. Seix Barral. Barcelona, 2000. Filosofía cínica y crítica ecosocial. José Alberto Cuesta. Ediciones Del Serbal. Barcelona, 2006. Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) ha publicado recientemente Prometeo: mito y literatura y Encuentros heroicos. Seis escenas griegas (Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2009. 238 y 158 páginas. 14 y 12 euros).